La industria del entretenimiento en Japón es conocida por sus estrictas reglas respecto a las relaciones sentimentales de sus artistas, pero un reciente escándalo en la agencia Origami ha sacudido los cimientos de esta práctica. El caso involucra a un manager, Kohei Sato, quien mantenía romances simultáneos con tres integrantes del grupo musical Z2A3, perteneciente al proyecto Zero Project. La situación escaló hasta provocar una funa interna que culminó con la disolución total del grupo.

El proyecto Zero Project operaba bajo una estructura competitiva con evaluaciones constantes para sus talentos. La unidad Z2A3, que competía en el nivel medio, estaba bajo la supervisión directa de Kohei Sato. Mientras cumplía con sus responsabilidades de administrar horarios, ensayos y eventos, Sato llevaba una doble vida, saliendo secretamente con tres de las jóvenes bajo su cargo: Yuu Otomori, Meria Onishi y Kaho Sakuraba. Una investigación interna confirmó los hechos, llevando a la agencia a tomar medidas drásticas.
La agencia Origami actuó con celeridad y sin contemplaciones. Kohei Sato fue despedido, y las tres idols involucradas fueron expulsadas de la agencia en el mismo día. Sin embargo, el impacto del escándalo no terminó ahí.

Al enterarse de la traición y la falta de profesionalismo que había permeado el ambiente del grupo, las cuatro integrantes restantes de Z2A3 declararon que les resultaba psicológicamente imposible continuar trabajando juntas. La desconfianza generalizada y el colapso operativo forzaron a la directiva a anunciar la disolución absoluta de Z2A3. Aunque dos de las idols que no estuvieron involucradas en el escándalo fueron reubicadas en otras divisiones del proyecto, este incidente se ha convertido en un claro ejemplo de cómo la ruptura de las normas éticas puede tener consecuencias devastadoras para las carreras de los artistas y la viabilidad de un proyecto musical.
Este caso plantea interrogantes sobre la dinámica de poder dentro de la industria del entretenimiento japonés. Las reglas que prohíben las relaciones sentimentales a menudo se justifican para mantener una fantasía de disponibilidad romántica con los fanáticos. Sin embargo, la conducta del manager Kohei Sato sugiere un posible abuso de su posición de autoridad. La pregunta que surge es si el verdadero culpable y la fuente del daño para el grupo fue el manager, al aprovecharse de su rol para establecer relaciones inapropiadas con las jóvenes bajo su supervisión profesional.
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La situación subraya la delgada línea entre la disciplina profesional y el control excesivo en la industria de los idols, donde la presión por mantener una imagen intachable puede generar entornos propicios para este tipo de escándalos. La rápida disolución de Z2A3 demuestra la fragilidad de los grupos y la importancia de la confianza y el profesionalismo para su supervivencia.